INTRODUCCIÓN
La regulación del hambre y la saciedad es un tema complejo; para algunas personas, realizar ejercicio puede estimular el apetito y subsecuentemente ayudar a consumir más calorías, mientras que para otras personas puede inducir el efecto opuesto. Ahora, si pensamos en la sabiduría popular del entrenamiento de resistencia o aeróbico (cardio), muchos suelen incluirlo en su rutina diaria con esperanzas de gastar más energía y con ello ayudar en el proceso de pérdida de grasa.
¿Pero qué sucede si este tipo de ejercicio sí reduce el apetito, pero no la ingesta? ¿O qué pasa si reduce el ap
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