INTRODUCCIÓN
Recuerdo en la universidad cómo muchos compañeros al estudiar abastecían a su cerebro de abundantes calorías en forma de snacks de todo tipo, tanto dulces como salados, todo con la esperanza de lograr acreditar bioquímica y ser capaces de titularse y ganar muchos miles de pesos día con día como flamantes nutriólogos. Si bien muchos lo lograron, quizás la parte de ganar muchos miles no sea posible para todos, solo para nosotros elegidos por la divinidad que ya a estas alturas poseemos un par de Mercedes en la cochera; y gracias a ti, querido(a) lector(a) que mes con mes me depositas para poderte seguir brindando estas entradas, ¿cierto?
Bueno, en fin; el punto es que solemos pensar (vaya, estoy que ardo en esta entrada) que la actividad intelectual intensa, como estudiar, procesar información o quizás, tratar de entender a tu ex son actividades que gastan una cantidad considerable de calorías. Después de todo, la fatiga que sentimos luego de un examen arduo vaya que se deja sentir, o también, luego de esas reuniones de trabajo que pudieron ser un mensaje de texto. ¿Es entonces la actividad cognitiva costosa en términos energéticos realmente? Afortunadamente, tenemos un nuevo artículo que nos brinda mucha información al respecto.
EL ESTUDIO
Nuestro cerebro es una máquina que ha evolucionado para maximizar su capacidad computacional a la vez que minimiza el uso de recursos, puesto que, a pesar de consumir la mayor proporción de energía de todo nuestro cuerpo, lo hace de la forma más eficiente posible. Si nos comparamos con distintas especies, los humanos dedicamos más energía a actividades cognitivas complejas, como ver TikToks de personas semidesnudas bailando y esparciendo desinformación como la misma peste. El propósito de los investigadores fue analizar cómo se manifiesta este equilibrio energético tanto en los procesos homeostáticos como en la cognición asociada a la tarea. Adicionalmente, exploraron las perturbaciones y disrupciones metabólicas en las enfermedades neurocognitivas.

La glucosa es el sustrato principal para la cognición
¿Ves? Por eso es totalmente justificado consumir cantidades industriales de dulces previo a un examen, como hacían muchos de mis compañeros universitarios. El cerebro nos cuesta ~20% de la energía total consumida, lo cual es bastante si consideramos que representa ~2% de la masa corporal total. La evidencia ha mostrado que, entre regiones del cerebro, el gasto energético es bastante equitativo en términos generales, pero varía relativamente entre regiones y funciones. Por ejemplo, la materia gris que se compone de cuerpos celulares, axones locales, dendritas y sinapsis gasta un ~70% de energía en funciones como la señalización neural, mientras que la materia gris un ~18% para estas mismas funciones.

Las necesidades metabólicas de nuestro cerebro también se modifican de acuerdo con el ciclo diario; por ejemplo, el flujo central se ha observado que incrementa de la mañana a la tarde, disminuyendo hacia la hora de dormir, particularmente en el hipocampo y la amígdala. Por otro lado, las distintas regiones del cerebro también tasas metabólicas distintas. Las regiones centrales, al tener mayor densidad neural y sináptica gastan más energía en las transmisiones sinápticas y potenciales de acción que las regiones no centrales.

Si bien es cierto que realizar actividad cognitiva intensa, como husmear en perfiles ajenos para compararte constantemente, incrementa el flujo sanguíneo, así como el metabolismo glucolítico y la producción de ATP, se observa que a la par de esto, existe una disminución del gasto energético en regiones cerebrales no prioritarias en el momento. Es muy interesante entonces conocer que este incremento resulta en ~5% de mayor consumo de glucosa, por lo cual esa bolsa entera de Picafresas que te comiste quizás no era del todo necesaria. La mayor parte del presupuesto del que dispone nuestro cerebro se ocupa en mantener el equilibrio, aún a pesar de los incrementos en la demanda cognitiva que se presentan en el día a día.

Mecanismos para minimizar el costo metabólico
¿Cómo es que nuestro cerebro logra estas impresionantes hazañas? Si nosotros mismos no somos capaces de ahorrar un poco porque lo gastamos en figuras coleccionables, o bueno, no todos, yo por ejemplo lo gasto últimamente en mucho yogurt griego y esos gastos tontos como la renta, el agua, la luz, el internet, gasolina y demás cosas totalmente innecesarias. Nuestro cerebro corre con aproximadamente 17 watts de potencia, lo cual es un par de focos led hasta donde tengo conocimiento. Esto significa que este importantísimo órgano es más que eficiente en su utilización de energía, y esto lo hace siendo lo menos redundante posible empleando codificación dispersa o escasa. Es básicamente lo opuesto a esas personas que hablan por diez minutos para contar la anécdota más irrelevante que te puedas imaginar.
La regulación de la glucosa es un componente vital para la función cognitiva; por tanto, la disrupción crónica de esta puede desencadenar neuroinflamación y acumulación de proteínas tóxicas y en general, respuestas patológicas. Los procesos cognitivos más vulnerables a estas alteraciones son las funciones más complejas que requieren un mayor aporte metabólico.

Percepción no es sinónimo de realidad
A lo que me refiero con esto, es que si bien, en actividades cognitivas intensas como una evaluación académica, un juego de ajedrez, o quizás tratar de entender a tu pareja que dice que la comunicación es importante, pero se niega a decirte qué es lo que le ha molestado pueden percibirse como demandantes, en realidad, no tienen un impacto demasiado significativo sobre el gasto energético. Es probable que estemos ante una respuesta emocional al estrés y no ante una necesidad metabólica en el caso de “necesitar” comer más luego de cualquiera de estas actividades.
CONCLUSIÓN
Aprender sobre nuestro cerebro es fundamentalmente nuestro cerebro aprendiendo sobre sí mismo, si lo pensamos un momento. Es fascinante darnos cuenta lo increíblemente eficiente que es para realizar tareas tan complejas y sofisticadas sin elevar de forma significativa su consumo energético. Desde una perspectiva evolutiva, nuestro cerebro se ha adaptado manteniendo un estado perpetuo de preparación y actividad, lo cual le permite una altísima eficiencia en su capacidad computacional.
Finalmente, aunque definitivamente sentimos requerir una buena cantidad de dulces y calorías antes, durante y después de una alta demanda cognitiva, la realidad es que metabólicamente no lo requerimos y haríamos mejor en mantener una alimentación saludable y coherente con nuestras necesidades, gustos, cultura y economía.
REFERENCIA
Jamadar, S. D., Behler, A., Deery, H., & Breakspear, M. (2025). The metabolic costs of cognition. Trends in cognitive sciences, 29(6), 541–555. https://doi.org/10.1016/j.tics.2024.11.010