Anticipadamente, solicito al lector terminar de leer antes de sacar conclusiones sobre el título en cuestión. El tema no es ningún tipo de clickbait; desafortunadamente, es lo que la evidencia sugiere. No busco ser provocador, sino generar una reflexión. Al leer el artículo de MacDonald y colaboradores (2024), comencé a darme cuenta de lo que ya conocía, pero no relacionaba de forma definitiva o no aceptaba plenamente. Dedicarme a fomentar la salud a través del ejercicio genera un sesgo de preferencia e impacta en mi ideología de "todos deberíamos hacerlo", olvidando los motivos por los que la mayoría no lo hace. Este artículo me llevó a reflexionar profundamente sobre esas razones.
El ejercicio físico enfrenta un dilema crucial: aunque su eficacia está respaldada por décadas de evidencia científica, su efectividad como herramienta terapéutica en la población general es cuestionable. Este análisis reflexiona sobre las barreras culturales, sociales y conductuales que dificultan su implementación sostenida y a largo plazo, a pesar de su probada utilidad.
La eficacia del ejercicio en la salud
El impacto del ejercicio en la salud metabólica, cardiovascular, musculoesquelética y mental está documentado con solidez. Décadas de investigaciones han demostrado mejoras en indicadores clave como glucosa en ayunas, hemoglobina glucosilada, colesterol HDL y LDL, triglicéridos y presión arterial. También se observan beneficios en la densidad mineral ósea, la fuerza muscular y la calidad del sueño. No obstante, estos efectos son transitorios y requieren una práctica constante, lo que subraya la importancia de fomentar una adherencia sostenida para evitar que los beneficios desaparezcan.
Un contexto evolutivo y cultural
A lo largo del 99% de la historia evolutiva humana, las personas eran cazadores-recolectores o agricultores de subsistencia, lo que implicaba altos niveles de actividad física no opcional. En la era moderna, el avance tecnológico ha reducido esta necesidad, especialmente en países de altos ingresos, donde la mayoría de la actividad física se ha vuelto opcional. Esta desconexión evolutiva ha contribuido al aumento de trastornos metabólicos como la diabetes tipo 2. Aunque los profesionales de la salud recetan ejercicio para mitigar sus síntomas, niveles moderados a altos de actividad son necesarios para obtener eficacia. Sin embargo, debido al instinto básico de evitar esfuerzos innecesarios, sobre todo cuando se está en mala forma física o enfermo, la adherencia suele ser baja, perpetuando un ciclo de inactividad y deterioro de la salud.
Este dilema también se ilustra en el siguiente gráfico:

El gráfico muestra que, mientras que la mayor parte de la historia humana se caracterizó por altos niveles de actividad física necesaria, la era industrial ha llevado a un declive drástico. Esto ha transformado el ejercicio en una prescripción médica que, desafortunadamente, enfrenta barreras de adherencia y efectividad.
La realidad de la adherencia
En México, menos de la mitad de los adultos realiza actividad física de manera regular, y solo un pequeño porcentaje cumple con las recomendaciones mínimas de actividad semanal. Este bajo nivel de cumplimiento refleja barreras cotidianas como la falta de tiempo, el agotamiento laboral, limitaciones económicas y distracciones tecnológicas. Aunque los estudios muestran resultados alentadores en entornos controlados, la aplicación en la vida real se enfrenta a retos significativos que dificultan la constancia.
Redefiniendo el enfoque: de la eficacia a la efectividad
El debate debe ir más allá de la elección de la mejor modalidad de ejercicio. La clave está en fomentar un aumento generalizado de los niveles de actividad física. Las preguntas esenciales son: ¿Cómo integramos el movimiento de manera sostenible en la vida diaria? ¿Cómo transformamos la percepción de la actividad física, de una elección opcional a una necesidad intrínseca?
MacDonald et al. (2024) destacan que los humanos están biológicamente predispuestos a conservar energía, a menos que el esfuerzo físico ofrezca recompensas tangibles o inmediatas. Este marco evolutivo resalta la importancia de intervenciones centradas en el disfrute social y las recompensas inmediatas para mejorar la adherencia.
Estrategias implementadas y sus limitaciones
Diseño de entornos activos: Infraestructuras como ciudades caminables y espacios recreativos accesibles pueden facilitar el movimiento, aunque requieren cambios significativos en las políticas urbanas.
Integración en la rutina diaria: Pausas activas en el trabajo o en la escuela son soluciones prácticas, pero su impacto a largo plazo sigue siendo limitado.
Tecnología como aliada: Aplicaciones y dispositivos que promueven el ejercicio mediante gamificación y metas personales tienen potencial, aunque no fomentan necesariamente un compromiso intrínseco.
Educación desde la infancia: Incluir el movimiento como un componente esencial en la formación escolar puede tener efectos positivos, aunque el impacto cultural a largo plazo aún es modesto.
Campañas de concienciación: Aunque generan conocimiento, estas iniciativas suelen mantener al ejercicio en el terreno de lo opcional, sin lograr un cambio profundo en su percepción.
Propuestas para fomentar la actividad física
Incentivos económicos y sociales: Beneficios fiscales, descuentos en seguros médicos o días libres laborales podrían transformar el ejercicio en una prioridad.
Intervenciones grupales: Actividades que fomenten interacciones sociales positivas pueden aumentar la adherencia al capitalizar nuestra naturaleza social.
Recompensas inmediatas: Diseñar actividades que generen sensaciones de logro o gratificación instantánea puede superar barreras evolutivas al esfuerzo planificado.
Perspectiva evolutiva y futura
La predisposición a evitar el esfuerzo innecesario es un obstáculo evolutivo significativo. Superarlo requiere estrategias integradoras que hagan del ejercicio una actividad esencial y gratificante. Incentivos tangibles, educación desde edades tempranas y rediseños estructurales son esenciales para facilitar el movimiento cotidiano.
Conclusión
El ejercicio tiene el potencial de transformar la salud, pero su efectividad depende de soluciones que aborden las barreras individuales, sociales y estructurales. Incentivos económicos, actividades grupales y ajustes sistémicos son pasos clave hacia un futuro en el que la actividad física sea indispensable. Reconocer que la falta de adherencia no es un defecto personal, sino una consecuencia de factores evolutivos y culturales, es fundamental para redirigir a la población hacia una relación más saludable con el movimiento.
REFERENCIA
MacDonald, C., Bennekou, M., Midtgaard, J., Langberg, H., & Lieberman, D. (2024). Why exercise may never be effective medicine: an evolutionary perspective on the efficacy versus effectiveness of exercise in treating type 2 diabetes.British journal of sports medicine, bjsports-2024-108396. Advance online publication.https://doi.org/10.1136/bjsports-2024-108396
Dr. Juan Manuel Jerezano Mora
Medicina de la Actividad Física y Deporte
CNC | CPT - NASM
Fundador de MuscleMind Academy e Hipertro.Fit