A menudo subestimamos cuánto puede decirnos la fuerza de nuestras manos sobre nuestra salud general. Más allá de lo que imaginamos, ese apretón de manos puede reflejar nuestra capacidad para enfrentar las demandas diarias, nuestras rutinas habituales y cómo nuestro cuerpo responde al estrés cotidiano. Es mucho más que una medida de fuerza: es un espejo de nuestra funcionalidad integral. En el caso de las personas con diabetes tipo 2, el estudio del UK Biobank refuerza algo que ya muchos estudios han señalado: la fuerza de agarre es un marcador clave de salud, asociado con la calidad muscular y el riesgo de mortalidad. Sin embargo, debemos ser cautelosos al interpretar este hallazgo. Este marcador no implica que mejorar temporalmente la fuerza de agarre a través de un entrenamiento específico cambie por sí solo el pronóstico longitudinal. La fuerza es un subrogado de cómo enfrentamos desafíos cotidianos de manera constante y no intermitente, más allá de esfuerzos esporádicos en el ejercicio.

El análisis, que abarcó más de 12 años y más de 13,000 participantes con diabetes tipo 2, mostró cómo una fuerza de agarre baja se relacionaba con incrementos de hasta un 99 % en el riesgo de mortalidad cardiovascular en los cuartiles más bajos. Estos hallazgos subrayan que la fuerza no solo refleja capacidad física, sino también la calidad del músculo: menor infiltración grasa, menos inflamación crónica y una mejor respuesta metabólica frente a los desafíos diarios. También indican la importancia de atender la funcionalidad del cuerpo de manera holística, integrando estrategias que mejoren tanto la salud metabólica como cardiovascular de forma integral. Estos datos refuerzan la idea de que la actividad física debe ser sostenible y regular para optimizar resultados a largo plazo.

Por otro lado, los resultados mostraron que la relación entre masa muscular y mortalidad era en forma de U, lo que significa que tanto niveles muy bajos como excesivamente altos de masa muscular se asociaban con mayor riesgo de mortalidad. Esto refuerza la idea de que la calidad del músculo –y no solo su cantidad– es crucial. Músculos funcionales y resilientes van más allá de su tamaño, respondiendo mejor a las demandas del entorno y mostrando adaptaciones metabólicas favorables. Sin embargo, aquí entra en juego el concepto de adherencia, porque desarrollar y mantener estos músculos requiere un compromiso con la actividad física regular, ya sea planificada o integrada de manera natural en la vida diaria. Pero sabemos que esta es una tarea titánica: pocos estudios han logrado mantener tasas de adherencia superiores al 50 % en programas de larga duración. ¿Cuántos ensayos clínicos logran sostener un seguimiento efectivo a 12 años? Yo no conozco ninguno.

Este estudio también comparó dos criterios para diagnosticar sarcopenia, arrojando datos significativos sobre las limitaciones y fortalezas de cada uno:

  • EWGSOP2 (European Working Group on Sarcopenia in Older People 2nd edition), que utiliza fuerza de agarre, masa muscular relativa y velocidad de marcha para clasificar la severidad de la sarcopenia. Aunque riguroso, este criterio detectó un porcentaje muy bajo de casos, subestimando probablemente la prevalencia real.

  • FNIH (Foundation for the National Institutes of Health), que utiliza puntos de corte más amplios y detectó más casos. Además, mostró una mejor sensibilidad al correlacionar sarcopenia con un mayor riesgo de mortalidad, especialmente en hombres.

Estos resultados destacan la necesidad de interpretar la fuerza de agarre no como un objetivo terapéutico en sí mismo, sino como un marcador de las demandas funcionales del organismo. De este modo, también subrayan la importancia de ir más allá del fortalecimiento puntual. La clave es integrar estrategias que promuevan no solo fuerza, sino también funcionalidad y resiliencia, asegurando que el músculo sea capaz de responder adecuadamente a los desafíos diarios. Esto incluye un enfoque sostenido en hábitos de movimiento constante, que a menudo tienen un impacto acumulativo mayor que los esfuerzos aislados.

Desde un punto de vista evolutivo, la calidad del músculo puede entenderse como un reflejo de nuestra capacidad para adaptarnos al entorno cambiante. El músculo funcional no solo permite la realización de actividades físicas complejas, sino también regula procesos metabólicos esenciales. Por ejemplo, contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir marcadores inflamatorios crónicos y estabilizar el metabolismo lipídico. Estas funciones lo posicionan como un órgano clave para la salud sistémica. Sin embargo, maximizar estos beneficios requiere un enfoque integral donde el ejercicio sea solo una pieza del rompecabezas, acompañado de una alimentación adecuada y una vida activa.

En última instancia, mejorar el pronóstico longitudinal no se trata solo de acumular más masa muscular, sino de garantizar que el tejido muscular sea funcional y resiliente. Necesitamos estrategias que incorporen actividad física regular y sostenible, adaptada a cada individuo y su contexto. Estas estrategias deben considerar no solo la frecuencia y la intensidad de la actividad, sino también el tipo de movimiento que más se alinee con las capacidades y preferencias de la persona. Es crucial recordar que la actividad física no siempre necesita estar ligada a un gimnasio o una rutina estricta; caminar regularmente, subir escaleras, cargar objetos del día a día o incluso actividades recreativas pueden contribuir enormemente a mejorar la funcionalidad muscular. Además, las intervenciones deben estar acompañadas de educación sobre la importancia del músculo como un órgano metabólico vital, capaz de regular el metabolismo glucídico y lipídico, y reducir marcadores de inflamación crónica. En este sentido, incorporar también estrategias nutricionales que favorezcan la síntesis y mantenimiento de la masa muscular funcional es esencial para maximizar los beneficios. Más músculo no siempre significa más salud; lo que realmente importa es que sea músculo capaz de sostenernos frente a los desafíos de la vida diaria. Cuando esto se combina con hábitos consistentes y sostenibles, los beneficios para la salud pueden ser transformadores en el largo plazo.

Lectura complementaria:

Wei, L., Zeng, J., Fan, M., Chen, B., Li, X., Li, Y., & Xu, S. (2024). Associations between handgrip strength and skeletal muscle mass with all‐cause mortality and cardiovascular mortality in people with type 2 diabetes: A prospective cohort study of the UK Biobank.Journal of Diabetes,16(1), e13464.

Dr. Juan Manuel Jerezano Mora

    Medicina de la Actividad Física y Deporte
    CNC | CPT - NASM
    Fundador de MuscleMind Academy e Hipertro.Fit