INTRODUCCIÓN
Si alguna vez te has lastimado en el gimnasio o levantándote de la cama de la forma más ridícula posible, es muy probable que también hayas experimentado kinesiofobia, o miedo al movimiento durante y después de tu recuperación. Quizás si no ha sido tu caso, conozcas a alguien que alguna vez se lastimó haciendo [inserta aquí cualquier ejercicio], y desde aquel desafortunado incidente no lo hace más, de nuevo, por miedo, pero por qué sucede esto y qué es exactamente el miedo al movimiento. En esta entrada exploraremos este importante tema que todos los que tenemos unos cuantos años entrenando bajo el cinturón hemos vivido en mayor o menor medida.
¿Qué es la kinesiofobia?
Esta se define como un miedo irracional y debilitante al movimiento y la actividad física que resulta de sentirse vulnerable a una lesión dolorosa o una relesión. Debido a que todos buscamos seguridad y evitación de la experiencia dolorosa, una reacción natural sería evitar cualquier movimiento que nos haga sentir vulnerables y con dolor, y a pesar de que es comprensible, quizás no sea la mejor alternativa. Me atrevo a decir, querido(a) lector(a), que la seguridad que buscamos es una quimera y en un mundo caótico como el nuestro es un ejercicio en la futilidad. Por fortuna, hay muchas cosas que sí podemos hacer y también perspectivas que podemos adoptar para mejorar nuestra calidad de vida cuando de dolor hablamos.
¿Cómo afecta la kinesiofobia a la calidad de vida?
En el caso de atletas, esta puede disminuir la fuerza muscular, el rango de movimiento, la propiocepción e incluso incrementar la ansiedad y la depresión, disminuyendo así la calidad de vida en general. Sobre todo, luego de una lesión o una cirugía, las personas pueden experimentarla, aunque esta varía de persona a persona y, de forma interesante, la magnitud depende de qué tan amenazante se interpreta el dolor. Aquí es en donde la cosa se pone interesante puesto que, de nuevo, nuestra interpretación de los sucesos puede tener (o no) impacto sobre nuestras vidas. Con todo esto dicho, el objetivo de este estudio fue revisar sistemáticamente la literatura actual sobre la kinesiofobia en atletas lesionados.
EL ESTUDIO

¿Qué hicieron los investigadores?
Al tratarse de una revisión sistemática, los criterios de inclusión de los investigadores fueron estudios que analizaran atletas que habían sufrido una lesión, revisados por pares, con seguimiento de la kinesiofobia, en inglés y publicados en los últimos 20 años. Para evaluar la calidad metodológica se empleó la herramienta de evaluación conocida como Downs y Black. En total fueron incluidos 14 estudios que cumplieron con los criterios de exclusión y exclusión.
Las características de los participantes las puedes ver a continuación:


En total se contó con datos de 561 hombres y 432 mujeres que fueron desde atletas adolescentes hasta atletas profesionales de diversos deportes como lacrossse, futbol americano, carrera, atletismo, tenis de mesa y futbol soccer. Las lesiones más comunes incluyeron el ligamento cruzado anterior u otras lesiones de rodilla y de tobillo.
¿Cómo se mide el miedo al movimiento?
Este apartado me parece muy interesante, ya que al final del día estamos hablando de algo subjetivo y sujeto a nuestra percepción e interpretación de la realidad. Vaya, siempre recuerdo al abuelo de mi mejor amigo que algún día comentó con su familia que sentía una ligera molestia en su esternón, pero nada del otro mundo. Resulta que tenía varias costillas fracturadas, pero no le había dado mayor importancia, por lo cual sigo pensando que ese señor era un fuera de serie y un tremendo ejemplar de humano. Para esto, se utilizan diversas pruebas y medidas físicas y objetivas como la percepción de la posición articular, fuerza, laxitud articular y funciones basadas en el rendimiento.

En cuanto a las medidas subjetivas, se utilizan varias encuestas como el Cuestionario de Evitación del Miedo del Atleta (AFAQ), así como el Inventario de Ansiedad por Relesión (RIAI), pero la herramienta más comúnmente utilizada es la Escala de Kinesiofobia de Tampa (TSK), de la cual existen varias versiones.
HALLAZGOS
Para sorpresa de nadie, se encontró que la kinesiofobia existe de forma significativa en atletas de todas las edades y distintas modalidades deportivas tanto a nivel físico como psicológico. De los factores psicológicos asociados se encuentran por ejemplo la ansiedad, falta de confianza y la evitación.
¿Qué pasa con las capacidades físicas?
El miedo a sentir dolor puede alterar el control postural y disminuir la capacidad de producir fuerza, lo cual puede en parte ser comprendido desde la perspectiva de la catastrofización. Esta se refiere al modelo de evitación del miedo, que nos conduce a un círculo vicioso de ansiedad por el dolor y miedo a movernos. Al evitar movernos, nuestros tejidos como músculos, tendones y ligamentos se atrofian, así que se vuelve en una profecía que cumple por sí misma y nos volvemos más débiles.
Otro hallazgo crítico que señalan los investigadores es que los altos niveles de kinesiofobia y el miedo a una nueva lesión pueden llevar a un atleta a reducir su exposición a actividades físicas, especialmente aquellas en las que podría volver a lesionarse, lo que conduce a una percepción de función limitada o a una disminución real de la función basada en el rendimiento.
¿Qué significan estos hallazgos?
De entrada, que como cualquier estudio este no está exento de limitaciones. Los estudios incluidos solo evaluaron lesiones del cuerpo inferior, así que no podemos directamente extrapolar estos hallazgos cuando estas suceden en el cuerpo superior. Desde luego, y creo que la más obvia, es que el nivel competitivo entre atletas variaba de estudio a estudio, lo cual hace difícil entender cómo la kinesiofobia puede afectar en distintos contextos, incluida la edad biológica, por cierto.
CONCLUSIÓN
El miedo al movimiento puede ser paralizante y crear una espiral de debilitamiento no solo físico, sino emocional y psicológico. Como atletas y profesionales de la salud, es crítico comprender que la prohibición del movimiento es una de esas prácticas desafortunadamente usuales pero que deben ser seriamente cuestionadas. Si alguna vez te han prohibido moverte o las recomendaciones que te han sido dadas solo incrementan el miedo, la ansiedad y la desesperanza, es ya hora de movernos más allá de esa narrativa infértil y dañina. ¿Qué podemos hacer? Simple, comenzar con la educación sobre estos temas, tanto para el atleta como para los mismos profesionales de la salud. Ser capaces de reconocer signos de kinesiofobia nos acerca más hacia una recuperación exitosa y un regreso a nuestras actividades que no solo nos fortalecen a nivel físico, también psicológico. Una forma de hacer eso es con la escala TSK, que al menos de acuerdo con esta revisión es suficientemente fiable y válida.
Por favor, querido(a) profesional de la salud, promovamos menos miedo y más optimismo hacia el movimiento. Dejemos de prohibir y generar ansiedad y comencemos a adaptar y cambiar nuestra perspectiva sobre el entrenamiento y sus incontables beneficios.
REFERENCIA
Ambegaonkar, J. P., Jordan, M., Wiese, K. R., & Caswell, S. V. (2024). Kinesiophobia in Injured Athletes: A Systematic Review. Journal of functional morphology and kinesiology, 9(2), 78. https://doi.org/10.3390/jfmk9020078