INTRODUCCIÓN
Reducir el consumo de alimentos dulces es una recomendación actual de diversas organizaciones de salud pública, como la Organización Mundial de la Salud (WHO), por ejemplo. Podríamos pensar de forma lógica que la exposición a sabores más intensos nos hace menos sensibles a estos con el tiempo, y al intencionalmente consumir alimentos más blandos, el consumo energético sería menor con el tiempo y esto sería una estrategia viable para la prevención y el tratamiento de la obesidad. Sin embargo, mucho de esto se basa en pensamiento mecanicista y suposiciones puras y duras que realmen
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