INTRODUCCIÓN
Reducir el consumo de alimentos dulces es una recomendación actual de diversas organizaciones de salud pública, como la Organización Mundial de la Salud (WHO), por ejemplo. Podríamos pensar de forma lógica que la exposición a sabores más intensos nos hace menos sensibles a estos con el tiempo, y al intencionalmente consumir alimentos más blandos, el consumo energético sería menor con el tiempo y esto sería una estrategia viable para la prevención y el tratamiento de la obesidad. Sin embargo, mucho de esto se basa en pensamiento mecanicista y suposiciones puras y duras que realmente no han sido puestas a prueba en ensayos en humanos. Nada nuevo, ¿no? Ya nos hemos percatado tras más de 200 entradas de nuestro distinguido blog que muchas de las cosas que creemos saber son meras suposiciones y, la mayor parte del tiempo, la evidencia no es concluyente sobre muchas de esas. Sobre el tema de la preferencia por lo dulce, dos preguntas concretas se nos cruzan de frente:
- ¿La exposición a lo dulce nos impulsa a comer más?
- ¿Nos volvemos menos sensibles a sabores intensos con el tiempo?
Sin duda, no conozco a nadie que no disfrute de un postre de vez en cuando, aunque digan que no, como los mentirosos que son. Como humanidad, está documentado que tenemos cierta preferencia por esta gama de sabores, quizás como una especie de mecanismo de supervivencia que nos indica que un alimento es rico en energía y nutrientes, o en la época moderna, porque hemos crecido con comerciales de alimentos ultraprocesados y artículos promocionales con nuestros personajes favoritos. ¿Te acuerdas del Tigre Toño? Maldita sea, que ejemplo de masculinidad era ese, es más, míralo a continuación:

¿Ves el desarrollo de esos hombros? Este tipo no era ningún payaso, eso te puedo asegurar. Seguro que masticaba el esqueleto de sus enemigos y, a su vez, ayudaba a las señoras mayores a cruzar la calle. Un auténtico discípulo de la grandeza. En fin, volviendo al tópico de hoy, resulta que la comprensión causal entre el consumo y preferencia por lo dulce y su impacto en el consumo energético no ha sido estudiado mediante ensayos aleatorios controlados en humanos o, al menos, no lo suficiente. El propósito de los investigadores fue evaluar los efectos de la exposición baja, regular y alta al sabor dulce por 6 meses sobre el gusto por lo dulce, las percepciones del sabor dulce, la elección de alimentos, la ingesta energética, la antropometría, varios biomarcadores para la salud cardiometabólica y los eventos adversos.
EL ESTUDIO
Los autores plantearon la hipótesis nula de que independientemente del grado de exposición al sabor dulce, las preferencias de los participantes no cambiarían a lo largo de la intervención.

¿Qué hicieron los investigadores?
Quiero tomar un segundo para reconocer el nombre operativo del ensayo: “The Sweet Tooth Trial”, para que no digan luego que a los investigadores les falta arte y sensibilidad, ya que ese nombre bien podría ser el título del siguiente álbum de Denzel Curry o quizás una película de Wong Kar-wai, las posibilidades son amplias. En total participaron 180 adultos de 18-65 años y un IMC de 8.5-30 kg/m2. Las características de los participantes las puedes ver a continuación:

El estudio en total se extendió por un periodo de 4 años debido a que tuvo la desdicha de comenzar en vísperas de la ya célebre pandemia de COVID-19, aunque el ensayo per se tuvo una duración de 6 meses. Se excluyó a los participantes que tuvieran alteraciones en los niveles de glucosa plasmática, diabetes, cambios de peso superiores a 3 kg en los últimos 3 meses, trastornos de la conducta alimentaria y que consumieran cualquier tipo de droga o medicamento que alterara la percepción de los sabores.
De forma aleatoria se asignó a los participantes a una de las 3 condiciones:
- Baja exposición (LSE): 10-15% de la energía proveniente de alimentos y bebidas dulces
- Media exposición (MSE): 25-30% de la energía proveniente de alimentos y bebidas dulces
- Alta exposición (ASE): 40-45% de la energía proveniente de alimentos y bebidas dulces
El grado de exposición fue logrado utilizando menús diarios con alimentos sugeridos y se incluyeron productos con azúcar, bajos en calorías y cero calorías. En todas las condiciones el aporte de energía y macronutrientes fue igualado o al menos, comparable lo máximo posible.

¿Qué se midió?
Los resultados de interés incluyeron el gusto por el sabor dulce empleando una escala análoga visual, elección de alimentos dulces en un desayuno ad libitum, consumo energético y de macronutrientes diario estimado con recordatorios de 24 horas, marcadores urinarios (sacarosa, fructosa, acesulfamo K, sacarina, sucralosa, ciclamato y glucurónido de esteviol), antropometría y composición corporal medidas con circunferencias de cintura, cadera y DXA, respectivamente y, finalmente, algunos biomarcadores como la glucemia en ayunas, HbA1c, perfil de lípidos e insulina.
HALLAZGOS
Como podrás ver en las siguientes gráficas, las preferencias por lo dulce no fueron significativamente diferentes entre grupos a lo largo de los 6 meses de intervención.

De igual manera, la percepción de la intensidad del sabor tampoco difirió entre condiciones.

Finalmente, ni la composición ni el peso corporales mostraron diferencias significativas entre las distintas condiciones de exposición al sabor dulce. Tampoco los biomarcadores evaluados mostraron una interacción con el grado de exposición a lo largo de la intervención, o al menos no de forma significativa.

¿Qué significan estos hallazgos?
Bueno, a priori, que todo lo que creemos saber usualmente es una mentira y la realidad nos sigue escapando, así como el conocimiento de la verdad última del universo y todo lo demás. Algunos dirán que el significado de la vida, el universo y todo lo demás es 42, con lo cual estoy de acuerdo, querido(a) lector(a), pero volviendo al tema que nos ocupa, estos hallazgos sugieren que incluso un alto grado de exposición a alimentos dulces no impacta de forma significativa la percepción de la intensidad del sabor, las preferencias, ni el peso y composición corporal.
La existencia es compleja. No podemos pensar en una variable aislada para explicar un comportamiento o un resultado, como las preferencias de alimentos y la ganancia o pérdida de peso, por ejemplo. Existen muchos otros factores que simplemente ignoramos y que, en la práctica, sería casi imposible medir de forma precisa con cada uno de nuestros pacientes o con nosotros mismos. La recomendación de limitar la exposición a alimentos dulces o incluso bebidas sin calorías dulces con la idea de reducir el consumo subsecuente de energía es poco probable que funcione como nos gustaría. ¿Puede ser útil? Quizás en algunos casos, pero de nuevo, conviene pensar no en una variable aislada sino en la interacción entre variables clave para el resultado deseado.
CONCLUSIÓN
No creo que cancelar al Tigre Toño como se ha hecho en México sea una estrategia demasiado efectiva, al menos basado en los hallazgos de este estudio y en la ausencia de evidencia longitudinal disponible. Yo sé, ausencia de evidencia no es igual a evidencia de ausencia, pero oye, es lo que tenemos disponible y quizás enfocarnos en variables como la densidad energética de alimentos y bebidas, educación sobre porciones, intervenciones que consideren el estilo de vida y las características biopsicosociales del individuo, así como la promoción de la actividad física probablemente sean mejores herramientas que solo limitar la exposición a lo dulce o etiquetarlo como algo inherentemente negativo. El comportamiento humano es sumamente complejo, y limitarlo a simplemente el grado de exposición a un sabor determinado es limitado y definitivamente sesgado hacia el pensamiento mecanicista, y más, en ausencia de más investigación en humanos que sea pertinente y extrapolable al contexto del control de peso y salud cardiometabólica.
REFERENCIA
Čad EM, Mars M, Pretorius L, van der Kruijssen M, Tang CS, de Jong HB, Balvers M, Appleton KM, de Graaf K. The Sweet Tooth Trial: A Parallel Randomized Controlled Trial Investigating the Effects of A 6-Month Low, Regular, or High Dietary Sweet Taste Exposure on Sweet Taste Liking, and Various Outcomes Related to Food Intake and Weight Status. Am J Clin Nutr. 2026 Jan;123(1):101073. doi: 10.1016/j.ajcnut.2025.09.041. Epub 2025 Nov 27. PMID: 41485871; PMCID: PMC12851883.