INTRODUCCIÓN
El mundo de la nutrición es complejo. Es una ciencia relativamente joven y como tal, se encuentra en constante desarrollo. Si a eso le agregamos el factor de las redes sociales en las cuales el objetivo no es informar o divulgar, si no captar la atención y generar interacción, veremos que los personajes más disruptivos son los que suelen ser más populares, aún siendo el caso que su discurso esté lleno de errores, falacias, y contradicciones.
En lo que respecta a la restricción dietética, es decir, el intencionalmente consumir menos energía siguiendo un plan alimenticio o el registrar calorías y macronutrientes en alguna aplicación se suele percibir como algo potencialmente negativo; específicamente, que podría llevar no solo al incremento de peso, de forma paradójica, si no también al desarrollo de trastornos de la conducta alimenticia, porque, no es normal que un ser humano haga estas cosas, ¿no?
EL ESTUDIO
Se trata de una publicación a manera de comentario de la autoría en solitario de Anita Jansen publicada en el International Journal of Eating Disorders. En este comentario se nos plantea a la restricción dietética o alimentaria como una falacia, pero veamos más a detalle qué significa esto.
Contexto histórico
Durante más de medio siglo, ha prevalecido la suposición ontológica, es decir, la relación entre un acto y sus participantes, de que la restricción alimentaria desempeña un papel causal en el desarrollo de trastornos de la alimentación y del peso, como los atracones y la obesidad. Los modelos cognitivo-conductuales de los trastornos alimentarios proponen específicamente una relación causal directa entre la restricción alimentaria y los atracones. Sin embargo, una investigación reciente de Grilo y Pittman al 2024 sugiere lo contrario: una mayor pérdida de peso y una menor frecuencia de atracones se asocian con una mayor restricción alimentaria rígida.

Causalidad
La investigación experimental es la única manera de establecer la causalidad. No podemos establecer esta relación con estudios observacionales, si acaso, solo podemos establecer una correlación, mas no una causalidad. Para establecer la restricción dietética como la causa, los estudios deben manipular directamente la restricción dietética y demostrar que la restricción dietética manipulada induce la sobrealimentación.
Restricción calórica no es igual a restricción alimentaria
La restricción dietética se considera un esfuerzo mental o una intención cognitiva de restringir la ingesta dietética con el fin de perder peso. La restricción dietética, por su parte, es el comportamiento real de reducir la ingesta de calorías, ya sea mediante un plan rígido, el conteo de macros, el uso de equivalentes, o estrategias conductuales.
¿Qué sabemos a la fecha?
En investigaciones previas (Bartholomay, 2024), no se ha observado que la restricción calórica autoinformada prediga los atracones en personas con trastorno por atracón, por lo cual no podemos asumir que restringir nuestra ingesta se traduciría en alteraciones en el comportamiento alimentario inherentemente.
Las habilidades de inhibición reducidas se asocian con una menor pérdida de peso en las intervenciones de pérdida de peso y la manipulación experimental de dicho estilo de respuesta cognitiva de hecho demostró la causalidad entre la inhibición débil y la sobrealimentación. El ser capaces de restringir nuestra ingesta de forma intencional y consciente puede, de hecho, mejorar la intervención al mediano y largo plazo.

CONCLUSIONES
Tanto los tratamientos como las estrategias destinadas a prevenir la obesidad y los trastornos por atracones deberían promover una restricción calórica saludable, pero muchos expertos temen que esto pueda favorecer el desarrollo de trastornos alimentarios.
Estos temores de provocar trastornos alimentarios y un mayor aumento de peso tienen su origen en una teoría con un apoyo empírico limitado: la teoría de la restricción, que puede considerarse razonablemente falsa.
¿Qué podemos hacer en la práctica?
Podemos comenzar por dejar de lado el pensamiento dicotómico entre alimentos buenos y malos, dejar de lado el pensamiento centrado en las calorías como variable exclusiva, promover la flexibilidad en la restricción alimentaria, promover el consumo de alimentos mínimamente procesados y saludables en lugar de enfatizar las calorías, y aceptar que el proceso no es lineal ni mucho menos perfecto, pero que la restricción alimentaria no conduce a trastornos de la conducta alimentaria.
REFERENCIA:
Jansen A. (2024). Dietary Restraint Fallacy. The International journal of eating disorders, 10.1002/eat.24354. Advance online publication. https://doi.org/10.1002/eat.24354
LN Daniel Álvarez García
Nutriólogo y entrenador especialista en culturismo natural
NASM-CPT