Durante años, se ha repetido una y otra vez una idea aparentemente lógica: si no puedes tocarte la punta de los pies con las rodillas extendidas, podrías tener mayor riesgo de lesionarte. Esta prueba, simple pero popular, se ha utilizado para evaluar la flexibilidad general, “detectar” alteraciones en las cadenas cinéticas y hasta justificar programas completos de intervención correctiva.
Pero hay una diferencia importante entre algo que suena lógico y algo que realmente funciona. Y aquí, esa diferencia importa. Porque lo que está en juego no es cuántos centímetros separan tus dedos de tus pies
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