Durante años he sido ese médico que critica a otros médicos por recomendar reposo absoluto o —peor— por decirle a un paciente que “nunca volverá a cargar más de 4 kg”. No suelo cambiar de criterio por un solo artículo; soy escéptico por defecto y cuestiono la evidencia nueva, incluso cuando me considero un educador disruptivo. Pero acaba de publicarse una revisión sistemática que me movió el piso. Y necesito justificar por qué. En mi desarrollo profesional, ser “el que más sabe de medicina” jamás me hizo tan buen clínico como cuando empecé a conocer a mis pacientes de verdad: escuchar su cont
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