En el mundo del entrenamiento, de la nutrición y del acompañamiento conductual, hay una tentación silenciosa: asumir que cuando alguien dice que quiere cambiar, lo que sigue es ofrecerle un plan. Se piensa en una rutina, en un sistema de alimentación, en una estructura semanal que por fin “resuelva”. Y muchas veces, eso mismo —con la mejor intención— se convierte en el primer error.
El problema no es el objetivo. El problema es que nos saltamos el momento en que realmente se encuentra la persona que lo enuncia.
Una parte importante de lo que llamamos resistencia al cambio no es desinterés, ni fa
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