INTRODUCCION
Pensemos en un viaje corto a una tienda o un supermercado, ¿qué sería lo primero que vemos al entrar? O pensemos en la publicidad que antes aparecía en la televisión (ya nadie ve eso, por dios), pero ahora lo hace antes de ver un video en YouTube, ¿es probable que veamos un comercial de fresas congeladas? Siendo honestos, seguramente veremos las nuevas galletas con triple relleno de chocolate y cobertura de caramelo con chispas de chocolate y ahora con 20% más producto y un juguete de regalo en cada empaque (colecciónalos todos, solo son 600).
Y bien, también es probable que muchos sepamos o por lo menos intuyamos que estos alimentos no son precisamente buenos para nuestra salud, pero de forma muy interesante, el qué tanto podrían impactar en nuestra salud mental es un tema mucho menos discutido y a su vez, estudiado.
EL ESTUDIO
Recientemente llamó mi atención esta revisión narrativa que se centra en la salud mental y el consumo de alimentos ultraprocesados (UPF), un tema que, de acuerdo con los propios autores, es muy poco explorado y aún con muchas lagunas y minucia por descubrir.
El elefante en la habitación
Un desafío importante en materia de salud pública es el de enfrentarse a las corporaciones multinacionales multimillonarias que se benefician de la venta de productos como el alcohol, el tabaco/nicotina y los alimentos ultraprocesados. Desafortunadamente, los esfuerzos de regulación pública e intervención del mercado suelen depender de la autorregulación de la industria; ¿es entonces la industria un tirano que busca enfermarnos a toda costa? No necesariamente, pero tampoco hablamos de gente con altos estándares éticos aquí, es simplemente un modelo económico que resulta perjudicar la salud de muchas personas, por ponerlo de una forma muy elegante y simplificada. Uno de los problemas más grandes, señalan los autores, es la promoción de ultraprocesados en niños.
¿Pero qué son los alimentos ultraprocesados?
La clasificación NOVA fue desarrollada por un equipo de la Universidad de São Paulo, Brasil, en 2009 clasifica los alimentos en cuatro categorías:
· Alimentos sin procesar o mínimamente procesados (por ejemplo, mazorcas de maíz lavadas y recortadas);
· Ingredientes culinarios procesados (por ejemplo, aceites, azúcares, sales, sabores);
· Alimentos procesados (una combinación de alimentos NOVA-1 y NOVA-2, por ejemplo, maíz enlatado);
· Alimentos ultraprocesados (que contienen pocos o ningún alimento NOVA-1 intacto, por ejemplo, chips de maíz).
Según la investigación de NOVA, los UPF dominan ahora la cadena de suministro de alimentos de los países de altos ingresos y están aumentando en los países de ingresos medios. Estos alimentos son hiperpalatables, es decir, deliciosos, pero no solo eso, también tienen texturas suaves y placenteras; adicionalmente, son duraderos y sumamente convenientes.
¿El problema? Los UPF contribuyen con el 90% de los azúcares refinados agregados, contienen niveles más altos de grasa total de grasas saturadas agregadas y están inversamente asociados con la ingesta de fibra dietética y proteína. Un metanálisis sugiere que una mayor ingesta de UPF se asocia con una peor calidad de la dieta (p. ej., menos frutas y verduras).
UPF Y SALUD MENTAL
La evidencia más fuerte ha vinculado al consumo de UPF con la depresión y síntomas depresivos. Grandes estudios prospectivos han documentado asociaciones entre una mayor ingesta de UPF y una mayor incidencia de depresión después de un amplio ajuste de los patrones dietéticos correlacionados con los UPF (p. ej., actividad física, horas de sueño, visualización de televisión) y otros posibles factores de confusión (p. ej., estado civil y laboral). Según un metaanálisis reciente, por cada aumento del 10% en el consumo de UPF en relación con la ingesta calórica diaria, hubo un 11% más de riesgo de depresión en adultos.
UPF Y TRASTORNOS ALIMENTARIOS
Otro punto de gran interés que se discute en esta revisión es la relación entre el consumo de UPF y los trastornos de la conducta alimentaria, y es en particular, menos estudiado y discutido. Se ha identificado, por ejemplo, una mayor ingesta de UPF como un precursor de los atracones en niños y adolescentes.
La presencia de estos alimentos podría ser un indicador de transición de restricción a atracones-purgas. Lo más probable es que las personas con anorexia nerviosa presenten altos niveles de consumo, por tanto, se sugieren tratamientos nutricionales que vayan más allá de solo pensar en calorías y flexibilidad en el consumo de estos.

CONCLUSIONES
El consumo excesivo de UPF puede ser causa y consecuencia de síntomas de depresión, UPFA y trastornos alimentarios. Un diagnóstico de TCA no debería justificar automáticamente un enfoque de tratamiento de “todos los alimentos aptos” o flexibilidad pobremente comprendida que excluya las contribuciones directas de UPF a la patología alimentaria exacerbada y los problemas de salud mental/física comórbidos para algunas personas.
Para algunas personas, restringir el consumo de UPF puede ser necesario, mientras que en otros casos su inclusión puede, de hecho, ser parte del tratamiento. Es un requisito entonces un abordaje no dicotómico y el desarrollo del pensamiento crítico por parte del profesional.
REFERENCIA
Wiss, D. A., & LaFata, E. M. (2024). Ultra-Processed Foods and Mental Health: Where Do Eating Disorders Fit into the Puzzle?. Nutrients, 16(12), 1955. https://doi.org/10.3390/nu16121955
LN Daniel Álvarez García
Nutriólogo y entrenador especialista en culturismo natural
NASM-CPT