INTRODUCCIÓN
No es precisamente que el dolor que experimentamos entrenando o bien, en el día a día, esté en nuestra cabeza; se trata de cómo nuestra propia experiencia dolorosa, así como las emociones y pensamientos e incluso la narrativa que va de la mano con esta pueden influir en la magnitud del dolor. Será entonces un poco difícil salir de esta retroalimentación negativa del dolor y las limitaciones asociadas, pero no imposible, y educarnos al respecto es el primer paso para poder continuar realizando las actividades que más disfrutamos incluido el entrenamiento para hacernos más fuertes.
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